LOS FARSANTES
La mentira, la corrupción y la farsa son adjetivos
cotidianos en el lenguaje de nuestro tiempo. Ningún espacio y ningún medio
están exentos de ser invadidos por estos y otros males. El mundo de la cultura
no se salva, tal como lo afirma Víctor Roura:
“El mundo de la cultura es como todos los mundos
posibles. Es un mundo habitado por personas inteligentes e incultas, sagaces y
falsas, ingeniosas y despistadas, astutas y oportunistas, talentosas y
definitivamente estultas, arribistas y endiosadas, mediocres e insólitamente
acomplejadas.” (ROURA, VÍCTOR, Cultura, ética y prensa, México:
Paidós. 2001.)
Diariamente, gracias a las bondades tecnológicas que
otorga el presente, surgen desde la oscuridad y el vacío intelectual entes
apócrifos que sin el menor esfuerzo y escudados en la mentira, pueden
presentarse como escritores, periodistas, cineastas, etc., basta con que se
otorguen a si mismos el título que mejor les plazca y lo incluyan dentro de sus
perfiles en redes sociales, o pueden ir más allá. Probar suerte como
colaboradores de algún medio de comunicación emergente y mentir sobre su
persona, sobre su oficio, sobre su actividad profesional, sobre su obra, casi
siempre pobre o inexistente.
La actividad de un profesional en cualquier área de
desempeño, sea cultural o no, va más allá de tener un registro fotográfico que
pudiera ilustrar su actividad o área de labores. El quehacer profesional debe
estar sustentado por un aprendizaje real, debe estar sustentado por un bagaje
de conocimientos aplicables a tal actividad y en la mayoría de los casos debe
estar avalada por alguna institución académica que otorgue licencia para
realizarla.
Es vergonzoso ver como algunos farsantes de la cultura
mienten sobre su formación académica, mienten sobre sus habilidades y
conocimientos. Esto con el afán de obtener reconocimiento público sobre sus
personas. Es sorprendente ver que algunos de estos mediocres y acomplejados
entes sobrevivan gracias a sus ilusorios y delirantes dichos, conquistando
simpatías ingenuas e inocentes.
Algunos de estos incultos mitómanos publican textos
sin antes haber leído un libro en todo su existir, algunos de estos farsantes
no saben diferenciar la K de la Q. Algunos de estos embusteros demuestran su miseria
profesional atropellando con la deshonestidad a quienes son verdaderos
profesionales de las artes y la cultura. Aparecen de la nada directores de cine
que con el solo hecho de pararse detrás de una cámara, sin tener idea de
plástica, guión, puesta en escena, óptica y un largo etcétera; ensucian una
noble, compleja y apasionante actividad.
Los auténticos profesionales de la cultura no se
ocupan más de una selfie que de su
labor, no se ostentan como algo o alguien que no son. El profesional honesto no
miente, no destruye, no engaña, no delinque. Los que no mentimos no necesitamos
parlotear ni demostrar con fotos de redes sociales nuestra actividad. Los que
somos honestos dejamos que nuestro trabajo y resultado del mismo comunique
nuestras intenciones como parte del engranaje cultural y social al que
pertenecemos.
Los farsantes en el cine, en la literatura, en la
cultura, no son gratos. Los farsantes no pueden engañar a todo el mundo todo el
tiempo.

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