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viernes, 8 de mayo de 2015

LOS FARSANTES


La mentira, la corrupción y la farsa son adjetivos cotidianos en el lenguaje de nuestro tiempo. Ningún espacio y ningún medio están exentos de ser invadidos por estos y otros males. El mundo de la cultura no se salva, tal como lo afirma Víctor Roura:

“El mundo de la cultura es como todos los mundos posibles. Es un mundo habitado por personas inteligentes e incultas, sagaces y falsas, ingeniosas y despistadas, astutas y oportunistas, talentosas y definitivamente estultas, arribistas y endiosadas, mediocres e insólitamente acomplejadas. (ROURA, VÍCTOR, Cultura, ética y prensa, México: Paidós. 2001.)

Diariamente, gracias a las bondades tecnológicas que otorga el presente, surgen desde la oscuridad y el vacío intelectual entes apócrifos que sin el menor esfuerzo y escudados en la mentira, pueden presentarse como escritores, periodistas, cineastas, etc., basta con que se otorguen a si mismos el título que mejor les plazca y lo incluyan dentro de sus perfiles en redes sociales, o pueden ir más allá. Probar suerte como colaboradores de algún medio de comunicación emergente y mentir sobre su persona, sobre su oficio, sobre su actividad profesional, sobre su obra, casi siempre pobre o inexistente.

La actividad de un profesional en cualquier área de desempeño, sea cultural o no, va más allá de tener un registro fotográfico que pudiera ilustrar su actividad o área de labores. El quehacer profesional debe estar sustentado por un aprendizaje real, debe estar sustentado por un bagaje de conocimientos aplicables a tal actividad y en la mayoría de los casos debe estar avalada por alguna institución académica que otorgue licencia para realizarla.

Es vergonzoso ver como algunos farsantes de la cultura mienten sobre su formación académica, mienten sobre sus habilidades y conocimientos. Esto con el afán de obtener reconocimiento público sobre sus personas. Es sorprendente ver que algunos de estos mediocres y acomplejados entes sobrevivan gracias a sus ilusorios y delirantes dichos, conquistando simpatías ingenuas e inocentes.

Algunos de estos incultos mitómanos publican textos sin antes haber leído un libro en todo su existir, algunos de estos farsantes no saben diferenciar la K de la Q. Algunos de estos embusteros demuestran su miseria profesional atropellando con la deshonestidad a quienes son verdaderos profesionales de las artes y la cultura. Aparecen de la nada directores de cine que con el solo hecho de pararse detrás de una cámara, sin tener idea de plástica, guión, puesta en escena, óptica y un largo etcétera; ensucian una noble, compleja y apasionante actividad.

Los auténticos profesionales de la cultura no se ocupan más de una selfie que de su labor, no se ostentan como algo o alguien que no son. El profesional honesto no miente, no destruye, no engaña, no delinque. Los que no mentimos no necesitamos parlotear ni demostrar con fotos de redes sociales nuestra actividad. Los que somos honestos dejamos que nuestro trabajo y resultado del mismo comunique nuestras intenciones como parte del engranaje cultural y social al que pertenecemos.


Los farsantes en el cine, en la literatura, en la cultura, no son gratos. Los farsantes no pueden engañar a todo el mundo todo el tiempo.

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