CINEASTAS EXILIADOS DE CHILE
Este texto es la extracción de la conferencia "Cineastas exiliados de Chile", que impartí el sábado 23 de mayo del 2015; dentro del Segundo Foro Internacional de CIne del Exilio; en la sala José Revueltas del Centro Cultural Universitario -UNAM- , México.
Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada y
en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes.
Pablo Milanés (Yo pisaré las calles nuevamente).
Ser exiliado
Según el
Diccionario de la lengua española, de la Real Academia, exiliado significa: expatriado. Es decir,
alguien que vive fuera de su patria. En realidad ser exiliado va más allá de
este significado. Un exiliado es un individuo que por algún motivo -político,
militar, religioso, ideológico, entre muchos otros-, ha sido arrancado de la
raíces de su tierra. Un exiliado, que jurídicamente puede tener la figura de
refugiado o asilado, es alguien que ha buscado abrigo protector en un espacio
ajeno al propio. Es alguien perseguido,
alguien que en su país de origen no tuvo la oportunidad de vivir en plenitud. Un
exiliado nunca sabe si volverá a la cuna, nunca sabe si volverá a comer en la
mesa familiar y mucho menos sabe qué pasos seguirán después de dar los últimos
en la propia patria.
El exilio es
un fenómeno de migración que ha movido a millones de personas en el mundo desde
el origen de los tiempos. Se acentuó para los latinoamericanos a partir de la
segunda mitad del siglo XX, motivado principalmente por causas políticas. Las
crueles dictaduras militares presentes en Centro y Sur de América, orillaron al
éxodo de cientos de miles de personas a diferentes puntos del planeta.
Las dictaduras, causa del exilio.
Para las
décadas de los años 60 y 70, hasta mediados de los 80, la represión social y
política en la geografía latinoamericana, ya era devastadora. Desde Guatemala
hasta Argentina, pasando por el Caribe y las Antillas, los golpes de Estado
militares eran recurrentes. Podemos ir de Rojas Pinilla en Colombia a Somoza en
Nicaragua o de Videla en Argentina a Pinochet en Chile; y así una larga lista
de tiranos represores que persiguieron a todo aquel que se atrevía a cuestionar
el autoritarismo político que daba forma a los gobiernos dictatoriales. Casi
todos encabezados por militares ávidos de poder, falsos guardianes de la
democracia, sirvientes de intereses imperialistas que arrendaban la soberanía
de sus patrias al mejor postor. La definición más precisa de las dictaduras la
plasmó el gran Pablo Neruda en el poema La
United Fruit Co. (Canto General. Neruda, Pablo. Argentina: Seix Barral,
2003 462 p.)
...enajenó los albedríos,
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillos, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares,
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía
Surge el cine del exilio
Los individuos
perseguidos por los gobiernos dictatoriales tenían como únicas salidas el
exilio, la prisión o la muerte. Dentro del amplio universo de personas en el
exilio encontramos a un importante número de profesionales del cine. Hasta
ahora no hay un dato exacto o una cifra que nos aproxime al número de cineastas
latinoamericanos víctimas de las dictaduras que se hayan exiliado. El común
denominador de las dictaduras era la represión en todas sus formas. El cine se
erigió como un elemento de respuesta a esa represión ejercida por gobiernos
tiránicos. Así lo afirma el brasileño Carlos “Cacá” Diegues respecto al
movimiento que fundó junto al notable Glauber Rocha, en respuesta a la dictadura
brasileña de los años sesenta: “En la
generación del cinema nuovo hicimos de la represión un lenguaje, (…) permitimos
a Brasil tener un cine vivo y actuante en espera del fin de la dictadura
militar”. Esta afirmación no solo define la labor del cine brasileño de
protesta, define también la acción de todos los cineastas enemigos de las
dictaduras latinas.
El caso que me
ocupa: Cineastas exiliados de Chile; es
digno de llamar la atención. A partir del violento arribo al poder del General
Pinochet en 1973, mediante el golpe de Estado al gobierno chileno que presidía
desde 1969 Salvador Allende, la producción cinematográfica de los andinos se
redujo a nada. Esto ocasionado en primer orden por la censura que impuso de
inmediato el nuevo régimen dictatorial respecto a los trabajos fílmicos
realizados; y en segundo orden por la destrucción de la infraestructura y
acervo cinematográficos existentes en el país. Además de la persecución, la
represión secuestró la libertad creativa de los realizadores. El exilio de los
cineastas chilenos fue encabezado por figuras tales como las de Patricio
Guzmán, Raúl Ruiz, Miguel Littín y Helvio Soto. Este último director de la
película Il pleut sur Santiago (Llueve
sobre Santiago) de 1975, rodada en Francia; que narra las primeras acciones
del golpe militar en Chile. Esta cinta enarbolaría el inicio de un fenómeno en
la historia de la cinematografía universal conocido como “Cine chileno del exilio”.
La producción en el exilio
Algunos datos
revelan que son alrededor de 180 películas producidas por chilenos exiliados,
en un periodo comprendido de 1973 a 1983. Una cantidad que supera a la
producción histórica de muchos países en el mundo. Cortometrajes, mediometrajes
y desde luego largometrajes, de ficción y documental realizados en por lo menos
20 diferentes países conforman lo que se fue conociendo como cine chileno del exilio. Aunque la
producción de exiliados realmente nunca se detuvo. Con el fin de la dictadura
algunos regresaron a su país, otros viven en un exilio permanente. La cifra de
películas producidas fuera de Chile por chilenos es incierta.
Cabe aclarar
que nunca se trató de un movimiento. De acuerdo con la historiadora
cinematográfica Zuzana M. Pick, quien afirma en su texto “Chilean Cinema: Ten years of
exile” (Jump Cut, No.
32, abril 1987, pp. 67-70) “El cine
chileno en el exilio nunca ha sido un "movimiento". La dispersión de
los cineastas, las condiciones de producción en los diferentes países y la
distribución limitada de algunas de sus películas no han sido favorables a la
propuesta de una organización estructurada. De hecho, esta dispersión ha tenido
en última instancia resultados positivos.”
Nombrar o
enlistar a todos los cineastas chilenos junto con su obra producida en el exilio
requiere de un trabajo cuasi enciclopédico. Aquí abordo los casos que desde mi
óptica son los más representativos del fenómeno. Ya sea por su valor histórico,
por su valor cinematográfico y por el impacto que algunos autores chilenos han
tenido sobre mi visión como profesional del cine.
Gran problema, grandes directores
Es paradójico
que la oscura y violenta época dictatorial pinochetista dio origen a una etapa
brillante de creación cinematográfica chilena, toda producida fuera de su
propio territorio, con fondos privados o públicos ajenos al país andino.
Con los
desplazamientos individuales o masivos llegaron a territorio mexicano, procedentes
de Chile gran cantidad de exiliados. No todos apegados a las figuras de asilado
o refugiado, pero si exiliados. Uno de ellos fue Miguel Littín, que en su paso
por el exilio en territorio mexicano antes de ir hacia España; realizó su más grande obra, Actas de Marusia, producida en 1975 con capital mexicano; rodada en
Chihuahua. Basada en la obra homónima del escritor Patricio Manns. Donde narra
un violento suceso en la mina Marusia, al norte de Chile a principios del siglo
XX. La persecución del gobierno y los militares a los trabajadores que nos
muestra la cinta, retrata metafóricamente el momento del inicio de la dictadura
chilena. Este filme se significa como
una de las más preciadas joyas de la cinematografía mexicana de todos los
tiempos. Una súper producción nominada al Óscar de la Academia como mejor
película extranjera en 1976.
Un filme del
mismo autor que merece ser visto y recordado es Acta general de Chile, un documental que Miguel Littin realizó de
forma clandestina en 1985. Es una película que se divide en 3 partes y muestra
al Chile de la dictadura visto por un exiliado. El cine chileno del exilio
también generó literatura, y es con este trabajo fílmico que se genera una gran
obra escrita por la extraordinaria pluma de Gabriel García Márquez, La aventura de Miguel Littin, clandestino en
Chile (Ed. Diana. México. 1986.); un reportaje poético que nos lleva de la
mano de un expatriado que regresa clandestinamente a su país para rodar un
documental. Con esta lectura no solo nos aproximamos al sentir de uno de los
cineastas chilenos en el exilio más audaces en su quehacer, también nos
adentramos en el sentir de un pueblo oprimido por la tiranía. Littin, el
cineasta que desafió a Pinochet, que burló un agudo y paranoico sistema de
inteligencia nacional.
Otra gran
figura del cine del exilio es Raúl Ruíz, ícono de la cinematografía
contemporánea, quien tuvo que emigrar primero a Argentina y después a Francia, dónde pasó la etapa más
brillante de su carrera. Ruíz se convirtió en el cineasta exiliado más
prolífico, su filmografía como director presenta 119 títulos, tales como: Diálogos de exiliados (1974) o La hipótesis del cuadro robado, una de
las 10 mejores películas de Francia en los 70. Es pertinente apuntar que el
grueso de la obra de Ruíz, así como el de todos los cineastas chilenos que
tuvieron que expatriarse no se basa en argumentos sobre el exilio. Algunos han
dedicado más trabajos fílmicos al respecto, pero ya asentados en diferentes
partes del orbe, los directores andinos diversificaron su obra y propuesta
cinematográfica.
No puedo dejar
de mencionar a Patricio Guzmán, un referente para los que hacemos cine
documental. Uno de los más grandes realizadores de este género en la historia
del cine. Autor de la extraordinaria película “La batalla de Chile”, documental que se divide en tres partes: La insurrección de la burguesía (primera
parte); El golpe de Estado (segunda
parte); El poder popular (tercera
parte). Este valioso documento fílmico, hecho en blanco y negro, retrata de
manera fiel la crisis que se originó desde el principio del gobierno de la
Unidad Popular de Salvador Allende, hasta el fatídico 11 de septiembre de 1973,
día del golpe militar.
Nostalgia de la luz (2010) es uno de los más recientes documentales
realizado por Patricio Guzmán. Es quizá es el trabajo cinematográfico más
filosófico de todos lo que han hecho los cineastas chilenos en el exilio. En
esta película Guzmán aborda de manera magistral temas tan difíciles en el cine,
tales como el tiempo y el espacio, conjugados con la dolorosa exposición emocional
de algunos personajes afectados por la dictadura.
No puedo dejar
de mencionar un impactante documental realizado por Marianne Teleki sobre su
esposo, mi amigo Héctor Salgado, originario de la provincia de Tomé; a quien
tuve la fortuna de conocer hace algunos años, cuando ambos nos encontrábamos en
el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, él presentando su película “Circunstancias especiales” (2007) y yo
presentaba “Cerca del olvido” (2008).
El trabajo de la dupla Teleki - Salgado ha sido uno de los proyectos fílmicos
más valientes que he conocido. El caso de Héctor Salgado merecía ser llevado al
cine; detenido a los 16 años, exiliado a los 19, regresó casi treinta años
después para enfrentar cara a cara a los militares que habían sido sus
captores, sus torturadores, en búsqueda de justicia para su caso, para el caso
de miles de víctimas de una feroz fuerza dictatorial.
Legado histórico
Directores,
actores, guionistas, y demás profesionales del cine han formado lejos de su
patria un acervo cinematográfico que se significa como legado de su pasado
reciente a las nuevas generaciones, no solo de chilenos, también es un legado
para el mundo entero. Nombres que merecen ser ovacionados como el de Pedro
Chaskel y Gastón Ancelovici, fundadores de la Cineteca Chilena del Exilio, un
esfuerzo por recopilar los trabajos fílmicos de sus compatriotas, desde 1974.
Además de que ambos también aportaron obra como realizadores. El legado también
lo han dejado notables directoras como Marilú Mallet, exiliada en Canadá; Valeria Sarmiento en Francia, esposa
de Raúl Ruíz; y Angelina Vázquez desde Finlandia.
El mundo del
cine les debe rendir homenaje perpetuo a todos los que se armaron con una
cámara para combatir de la forma más honesta a los más deshonestos, a los más
violentos. Yo como cinéfilo y como cineasta les agradezco el gran herencia
audiovisual que nos han dejado.

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