El siguiente texto es una crónica escrita por mi, publicada en el número 162 del mes de marzo de 2008 en la Revista Cine Premiere (México). Esto lo escribí gracias a la invitación de Carlos Gómez Iniesta editor de Cine Premiere, previo al estreno de mi película documental Cerca del Olvido en el vigésimo sexto Festival Internacional de Cine en Guadalajara.
Lo confieso: cuando se dio una charla y mi madre me cuestionó, tras ver un programa televisivo, si conocía algún dato de la República Árabe Saharaui, yo no tenía la menor idea, primero, de la existencia de aquel país y. mucho menos, sobre todo de lo que ocurría en él. Gracias a esa conversación despertó en mí la curiosidad por saber algo de aquel enigma, el Sahara Occidental.
Había pasado exactamente una semana de aquella plática cuando, por una rara circunstancia del destino, conocí al embajador de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) en México, Ahmed Mulay Alí Hamadi. Le manifesté mi interés por saber má acerca de su país y me envió cualquier cantidad de datos, textos, ensayos, y por la emoción que te brota al conocer algo nuevo, lo devoré todo. Supe que su independencia data apenas de 1976, que al otro día de obtenerla -se separaron de España- fue invadido por Marruecos y Mauritania, y al poco tiempo consiguieron expulsar a los mauritanos. También aprendí que Marruecos construyó un gran muro de 2,500 kms, que divide al país de Norte a Sur, al igual de la existencia de cinco millones de mina terrestres en territorio libre, que el conflicto con el Reino de Marruecos supera los 30 años sin solucionarse, y que hay más de 300 mil personas viviendo en un inmenso campo de refugiados conocido como la Hammada -en español significa "la nada", y está ubicado en territorio facilitado por el gobierno argelino-.
Al profundizar en el tema, los datos escalofriantes continuaban llegando, y no fue sino hasta que terminé de leer un pequeño texto de Eduardo Galeano, titulado Muros, que nació la idea de tomar una cámara, ir hasta el Sahara y filmar una película. ¿Por qué? El escritor uruguayo dijo algo muy atinado: cuando se levantó el Muro de Berlín todo el mundo habló de eso, fue noticia hasta su afortunada caída; hoy, todo mundo escribe y filma sobre el muro entre Gaza e Israel; en México es noticia de los días la muralla de la frontera Norte con Estados Unidos. ¿Pero quién habla de un muro de 2,500 kms en medio del desierto que divide a un país desde hace tres décadas?
EL PAÍS DIVIDO EN FOTOGRAMAS
Esto se lo comuniqué, tal cual, al Embajador Ahmed Mulay, quien lo recibió con agrado y sorpresa. Empecé, apoyado por la embajada saharaui, una investigación formal que requirió de documentos, material iconográfico y audiovisual. Hasta allí la parte romántica, el sueño, la ilusión de tener algo que contar a través del cine, mi pasión.
El siguiente paso fue la conjunción del equipo y la consecución de recursos financieros. Por las características del proyecto, en particular el largo viaje y las difíciles condiciones de rodaje, necesitaba un crew reducido. El primero en integrarse fue mi amigo Raúl Gallardo, a quien invité para la producción ejecutiva: aceptó sin dudarlo y desarrollamos juntos la línea argumenta. Se integrarían también un fotógrafo y un sonidista.
Raúl y yo nos asociamos y juntos empezamos a buscar el dinero que nos permitiera rodar en el Sahara. Tarea más que complicada: buscamos, buscamos y seguimos buscando. A nadie le convenció. Y así decidimos arriesgarnos nosotros mismos. La ayuda de nuestras familias fue fundamental, y con el capital de ambos en juego, estábamos listos para iniciar una gran aventura.
Con el equipo completo y el proyecto aprobado por el gobierno saharaui, viajamos con presupuesto limitado hasta Argel, Argelia, vía París. Permanecimos cuatro días hasta que tomamos el vuelo que nos llevó hasta Tindouf, la ciudad más cercana en relación a los campos de refugiados saharauis, donde viviríamos los próximos 6o días.
Las sensaciones al momento de pisar suelo africano resultaron raras. Sentimientos encontrados, emociones fuertes, un mundo totalmente desconocido para nosotros: el universo árabe-africano, maravillosos, simplemente maravilloso. Desde el inicio de nuestra breve estancia en Argel fuimos objeto de la más amplia hospitalidad islámica: toda la gente nos recibió con gran calidez. Serán inolvidables todas las muestras de apoyo de gente que no nos conocía y aportó algo a este proyecto.
LA BONDAD DEL DESIERTO
Después de un agotador vuelo de más de cinco horas de Argel a Tindouf, nos trasladamos por tierra en un vehículo facilitado por el gobierno saharaui hasta Rabuni -hoy capital provisional de la RASD ubicada en ese intrínseco terreno conocido como "la nada"-. Después de la bienvenida oficial por parte de las autoridades locales, nos trasladamos hasta un campamento llamado 27 de febrero (en alusión al día en que la RASD celebra su independencia de España).
Allí conocimos a una familia de seis miembros con la que viviríamos el resto de nuestra estadía, los saharauis son beduinos. Los clanes, a pesar del tiempo y las condiciones, mantienen vivas todas las tradiciones de los nómadas del desierto: beber té verde, comer cous cous con camello (plato típico magrebí), hacer pan en hornos de piedra o recibir al extranjero como un visitante distinguido, aún laten en la cotidianidad. Lo único que no conservan, por obvias razones, es el constante movimiento de un lugar a otro.
Después de dos o tres días que nos tomó adaptarnos al clima desértico, al brusco cambio alimenticio y a reconocer el entorno geográfico, comenzamos el arduo rodaje de Cerca del olvido.
La primera barrera fue el idioma: si bien es cierto que fueron colonia española cerca de 100 años, no todos hablan castellano, pues la lengua oficial es el hasaní -fusión entre el árabe clásico y antiguas lenguas de los beduinos-. Pronto con un mínimo de palabras, conseguimos comunicarnos con lo más básico. Después encontramos un interprete que se ofreció a colaborar con nosotros y ese problema quedó resuelto.
Abrazamos los hábitos de aquel maravilloso pueblo, Las condiciones de vida son difíciles: no hay agua, los alimentos son limitados, no hay servicios. En poco más de dos meses, nos bañamos en promedio una vez cada siete días, desayunábamos dátiles con leche de camella o de cabra, comíamos cous cous con camello, a veces lentejas o arroz. Por las condiciones del terreno no se cuenta con drenaje: sin embargo sus niveles sanitarios son altos, no hay epidemias. Es difícil concebir que en pleno siglo XXI exista un lugar así: el concepto de "infrahumano" no describiría el lugar, pero su gente lo dice, lo sabe.
La película captura la difícil situación en vida de los saharauis, pero desde el punto de vista de los niños que habitan el campamento 27 de febrero. Ellos nos explican por qué están allí, cómo viven, de qué viven. Nos hablan de sus sueños, sus ilusiones, sus metas. Mucho lo comunican a través de sus dibujos, infantiles trazos que cobran vida en el filme, Como director, no pretendo mostrarlos como víctimas: sólo me corresponde exponer, con mi estilo y mi óptica, un gran problema de humanidad, Al público le tocará tomar una postura ante lo expuesto en Cerca del olvido.
EL OBLIGADO RETORNO
De regreso en México y con los bolsillos vacíos iniciamos la postproducción, el proceso más difícil ya que no encontramos apoyos. Recurrimos a todas las instancias posibles, y al final de cuentas mi madre, Ma. Guadalupe Mendoza, se integró como productora asociada después de todas, absolutamente todas las puertas se habían cerrado. Ninguna entidad dedicada al apoyo del cine nacional creyó en este documental. Eso no detuvo a Cerca del olvido, que hoy forma parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara en la categoría de Mejor largometraje documental mexicano.
Así pues, la aventura continúa, el momento al que cualquier director aspira: la exhibición y difusión de su película. Hay una gran experiencia de vida que cambió mi visión del mundo, mi percepción sobre el ser y , sobre todo mi concepto de la gran cultura árabe-islámica.
