jueves, 5 de abril de 2012
La entrada que les presento a continuación es una réplica de mi columna Desde el proyector publicada en Milenio Diario, Hidalgo, espero que la disfruten.
«El cine para mí es un arte de la
prosa. Definitivamente, se trata
de filmar la belleza pero sin que
se note, sin que se note para
nada.» François Truffaut
Esta columna será dedicada al cine, mi pasión, mi oficio. Escribiré desde mi posición de espectador y también lo haré desde mi posición de profesional en la materia.
El cine sigue siendo para mí un espacio mágico, y qué elemento más mágico dentro de ese espacio que el proyector. Los primeros recuerdos que tengo de mi presencia en una sala cinematográfica son claramente dos: El haz de luz que brotaba de la cabina de proyección y el característico ruido que generaban los antiguos proyectores.
El proyector es quizá junto con la cámara uno de los elementos más románticos del cine. Recordemos que las primeras cámaras, aquellas de los Hermanos Lumière de finales del siglo XIX, cumplían una doble función, filmar y proyectar. Desde el proyector nace la luz, sin luz no hay imagen, sin imagen no hay magia, sin magia no hay cine. Valga recordar el Cinema Paradiso (Italia, 1988) de Gisuppe Tornatore, quien retrata magistralmente la magia y misticismo de la sala de proyección con los inolvidables Salvatore y Alfredo.
Desde el proyector junto con el nacimiento del cine en nuestro país se mitifico la figura del proyeccionista, quien ante cualquier falla sonora o visual era regañado por el público asistente a la sala, al grito de cácaro!
La imagen en movimiento no nos ha dejado de sorprender, desde la aparición de la muy lejana linterna mágica aparecida en el siglo XVII, invento precursor del cinematógrafo, hasta la aparición de los proyectores 3D, ya en nuestro tiempo. El proyector fue, es y será para siempre linterna mágica.
Desde aquí, desde el proyector, compartiré experiencias y anécdotas que he tenido dentro del quehacer cinematográfico, será también un espacio de charla sobre el amplio y maravilloso universo del cine.
Truffaut, el precursor de la nouvelle vague francesa decía que el crítico de cine debía ser un intermediario entre el autor y el público, yo no pretendo ser crítico, pero este si será un espacio intermedio entre realizadores y espectadores.
Para mí como para muchos cineastas, sobre todo del pasado, escribir de cine, es vivificar la actividad cinematográfica. Pioneros del cine soviético como Kuleshov, Pudovkin o Eseinstein en épocas de crisis que no tenían herramientas para filmar se dedicaban a escribir sobre cine. Después de ellos otros históricos del cine harían lo mismo, Bazin, Romer, Godard, por citar algunos. Quizá el más prolífico de todos lo que han escrito de cine desde el cine, ha sido François Truffaut. Muchos otros cineastas han usado la pluma para escribir sobre teoría, ensayos, biografías, tal es el caso del ruso Andrei Tarkovski y su excelente libro Esculpir en el tiempo; el cinefotógrafo español Néstor Almendros con su autobiografía Días de una cámara, o el norteamericano Sidney Lumet y su magistral libro Así se hacen películas. Y muchos otros que entendieron que el cine no solo se ve, también se escribe, también se lee.
Debo aclarar que este espacio no es exclusivamente dedicado a los amantes del cine, es dedicado a cualquier lector que quiera acercarse a una columna libre de ostentaciones y adornos, que tiene como protagonista al fascinante mundo del bien llamado séptimo arte, hoy más industria que arte.
Escribir de cine es para mí un placer, desde hace muchos años es junto con el fútbol tema central de mis charlas de café, hablar sobre cine no necesariamente tiene que ser solemne o monótono, de hecho jamás debería de ser así. Conversar de cine tampoco quiere decir que solo se hable de realización o de las películas de la cartelera, no, también se habla de festivales, de actores, de recuerdos, del celuloide, del video, de la ficción, del documental, del corto, del largo, del blanco y negro, del color, son charlas que jamás concluyen.
Hay mucho que escribir de cine, mucho que platicar, mucho que ver y espero mucho que realizar.
Esta columna está abierta al diálogo con ustedes lectores, hoy las redes sociales nos permiten esa interacción, cualquier comentario lo recibo con gusto en mi cuenta de twitter.
Desde el proyector, bienvenidos lectores!
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